lunes, 9 de noviembre de 2009

LOS ORIGENES DE MI DEVOCION


Realmente no sabria bien decir en qué momento pase de la simple afición a las sevillanas, a ser una auténtica rociera, creo que fueron un cúmulo de vivencias y situaciones que me hicieron darme cuenta de que había algo más allá de la fiesta.




Como dicen mis amigos del Rocio, el arte y la devoción a ellos se les supone, pero en alguien que no lo "ha mamao", tiene un mérito doble el que ésto forme parte de tu vida en la dimensión en la que forma parte de la mia.




Hablar de sentimientos no és para mi dificil, porque soy una persona que jamás los disimula aunque ello me perjudique en algunas ocasiones, pero explicarlos es tan complicado como si nos pusieramos a describir que se siente queriendo a alguien, podriamos relatar situaciones en las que nosotros sentimos algo tan especial que en su momento nos llenó de alegria y bienestar, pero sólo quien ha sentido alguna vez, es capaz de entenderte. Aún siendo tarea dificil, no soy de las que se amilana, y estoy segura de que tengo el cariño suficiente a lo que voy a contrar, cómo para que algo os llegue.




No sé ni cuantos años hace ya que conociendo a Juan Barrera, en gran medida culpable de mi pasión por el Rocio, tuve la oportunidad de ir por primera vez. Entonces acudí con la Asociación de Navarra, que llevaba unos cuantos años peregrinando al Rocio apadrinados por la Hermandad de Hinojos, una de las Hermandades filiales, que dependen de la Hermandad Matriz, que es la de Almonte. Cuando todavía no se han cumplido los requisitos necesarios que requiere ésta para llegar a ser Hermandad filial, puede acudir como asociación apadrinada por alguna otra ya constituida y en el caso de Navarra, ha sido y sigue siendo Hinojos quien lo hace.
Juan Barrera nació en Hinojos y hace mas de 30 años que vive en Navarra, pero ni el acento, ni sus raices, ni sus costumbres, las ha perdido ni un ápice, y a los que le hemos conocido bien, nos lo ha hecho vivir tan intensamente, que poco a poco nos fué metiendo en su mundo, por lo que para mi es un ejemplo de buen rociero, además de considerarlo mejor persona.




Esos comienzos como peregrina al Rocio fueron especiales, no sabes como és, dónde vas, y llevas tantos años con la ilusión de participar en ello que cuando llegó, ni siquiera fui consciente de su grandeza, estaba tan ávida de vivencias que queria aprovechar hasta el último minuto del dia y de la noche para no perderme nada. Mi primera Rocio lo recordaré como una auténtica locura, ni dormí, ni casi comí, tenía que éstar en todo, pero a lo largo de éstos años he comprobado que apesar de conocerlo y vivirlo ya durante mucho tiempo, sigo sin quere perderme nada.





Nos instalamos en el Rocio en la calle San Lucar, que ha sido la mia, ya lo comprobareis, durante la mayor parte de los años que he acudido al Rocio, para mi la mejor calle del Rocio porque en un segundo estás en la Ermita, porque a la parte de atrás de las casa está la marisma, y no hay cosa más bonita que levantarte y contemplar esa maravilla de la naturaleza, con sus pájaros, y por supuesto con sus caballos, libres y en el mejor habitat que podian éstar. El olor de la marisma sólo podría compararlo con el sol y la luz que tiene el Rocio, porque no existe en ninguna otra parte esa claridad y esa intensidad de luz. En más de una ocasión, cuando he llegado a la aldea, no he podido esperar a llegar a casa para bajarme del coche, pisar la arena, respirar ese aire y sentir ese sol en mi cara, és como una transfusión de energia que necesito para poder seguir mi vida con alegria. (a veces me iré por las ramas, pero necesito contar las cosas como las siento). Al día siguiente de nuestra llegada teníamos que empezar el Camino con Hinojos, pero en contra de lo que debería haber hecho, sabiendo que el camino es duro, me pasé toda la noche levantada, cantando, bailando y riendo, rodeada de unos cuantos que estaban tan deseosos como yo de que mi primer Rocio fuese inolvidable. Cabreamos a gran parte de la casa, que no habían podido dormir con nuestra juerga, pero ni eso iba a amargarme la experiencia. Me duché, nos preparamos y salimos en coches para Hinojos. Cuando llegamos a la plaza de la iglesia, ya estaban toda la Junta de la Hermandad, con el Sinpecao preparao, esa preciosa carreta de palo, en lugar de bronce, plata, u otros elementos mas ostentosos, que tienen otras Hermandades, pintada de azul y blanca, adornada con flores, con el estandarte de la Virgen en medio y tirada por dos preciosos bueyes. Los dos boyeros, encargados de guiarla hasta llegar al Rocio, siempre atentos a que todo marche bien, con sus camisas blancas y sus pañuelos de coco al cuello(esos pañuelos negros y blancos de cuadritos, que la gente suele llamar pañuelo rociero), y con su sombrero de ala ancha bien calaó. Alrededor los romeros, con sus varas preparadas con el romero ya atado en la parte de arriba y las romeras, con su manojo de romero en la coleta y sus batas rocieras de multitud de formas y colores. Esa imagen me encantó, los jinetes impecables en esos caballos a la vaquera, terminaban de formar un cuadro que al cabo de tantos años me sigue pareciendo igual de bonito.





La Misa de Romeros me pareció tan distinta a las que estamos acostumbrados, todos los cánticos eran flamencos, y en todos se hacía alusión a la Virgen del Rocio, incluso en el Padrenuestro cantao que también es precioso. Terminamos cantando la Salve de los Romeros, que a mi gusto es aún más bonita que la tan conocida Salve Rociera, aunque ésta me guste muchísimo también..




Por las calles de Hinojos y siempre con el Sinpecao delante, todos los romeros avanzamos hacia la salida del pueblo donde comenzaba el camino hacia el Rocio.




Durante el camino que comienza sobre las ocho de la mañana y termina en el Rocio, cruzando el Puente del Ajolí, (que todavía és término de Hinojos, aunque todas las Hermandades que vienen por la Raya Real, entre al Rocio por ahí), se hacen una primera parada en La Calera, dónde se reza el Angelus, antes de volver a retomar la peregrinación. Después se pasan por sitios típicos de ese camino, El Charco del Cura, y la parada más grande se hace en El Pino de los Mil Duros, que para modernizarlo ahora llaman de los 30 euros , allí se montan las mesas, se saca la comida y se sestea un rato evitando las altas temperaturas del mediodia; sobre las 6 o 7 de la tarde, el Sinpecao vuelve a salir y del tirón, cada uno al ritmo que puede llega al Rocio.




Ese primer año, decidí hacer el camino a pie, agarrada al Sinpecao, y durante muchos años, hice así el camino, porque es dónde suelen ponerse la gente que lleva promesa a la Virgen; he visto todo tipo de personas, de diferentes edades, que tenían algo prometido y de diferente manera han cumplido la penitencia, de ir sin hablar, o sin beber, ni agua, o simplemente como en mi caso, aguantar al ritmo de los bueyes, que no penseis que es ni mucho menos lento, apesar de su embergadura, atravesando por esas arenas, tragando todo ése polvo y llegar como he llegado varios años, con los pies sangrando, rozaduras en las piernas, de las botas, que me dejaron en carne viva durante muchos dias. Aún así terminé delante de mi Virgen, en la Ermita, un año tras otro, con la satisfacción de haber cumplido lo prometido, y no cambiaría por nada la alegria que sentía al llegar exhausta hasta Ella y sentir como me miraba. No me importa lo que piense la gente, porque Ella y yo sabíamos lo que había y cuando alguien no comprende que yo diga que la Virgen no tiene siempre la misma cara, que a veces está triste o alegre, otras sonrie e incluso algunas la he visto enfadada, se rien, y yo más aún, porque no me importa que no lo entiendan, me da pena por ellos que no sean capaces de percibirlo, porque ésto es como el arte, no todo el mundo tiene que entenderlo, gracias a Dios, porque la sensibilidad y la capacidad de percibir cierto tipo cosas, no se nos ha dao a todo el mundo, por eso me encantan mis amigos, porque mis sensaciones y sentimientos suelen ser compartidos por ellos, y sin quererlo, Dios nos cria y la Virgen nos junta....



Los dias siguientes de ese mi primer Rocio, siguieron en la misma línea estresante de captación de información a lo bestia, me levantaba pronto, para ir al Quema a ver pasar a Triana, o me marchaba hasta San Lucar a ver cruzar la Hermandad en la Barcaza; no me perdí ni la Misa de Romeros el domingo, ni el Rosario que es uno de los actos más emotivos, empieza a la noche del domingo, juntando en la Plaza del Tamborilero a todas las Hermandades con los estandartes de sus Sinpecaos para rezar el Rosario hasta que la Hermandad matriz de Almonte, toma la cabeza del desfile que desde esa plaza se hace cantando hasta la puerta de la Ermita. Cuando la Hermandad de Almonte llega a la Ermita, entra con el Estandarte y entonces los almonteños, locos por sacar a su Virgen a la calle, saltan la reja entre ese bullicio que todos estamos acostumbrados a ver año tras año en televisión, la mayoria de las veces sin intenderlo y considerandolo una exageración, pero hay que estar ahí para percibir la emoción de tantos rocieros que si sentimos esa alegria por verla en la calle, más cercana, y yo ningún año puedo evitar llorar, pero además he visto hombres de ésta zona que apriori lo habian criticado, emocionarse, porque seguro que cada uno aprovecha esos momentos para decirle y pedirle cuanto necesiten, aunque deberiamos ser menos egoista y además de tanto pedirle, tendriamos que darle las gracias por tanto que tenemos y no valoramos.



No penseis que el Rocio para mi es sólo devoción, en él he vivido los momentos más alegres, divertidos y las juergas más intensas, llenas de flamenquito, sevillanas, y reuniones de amigos de las que a mi me gustan, y hay que desmitificar el Rocio de la tele, del desfase tipo Sodoma y Gomorra, por supuesto que lo hay, pero como en Pamplona en San Fermines, o en cualquiera de los pueblos cada fin de semana, el que es un desfasao, lo és aqui y allá, el que va buscando el polvo del camino, triunfa aqui, o no, como alli y quien aquí no sabe disfrutar sanamente, allí tampoco.

Poco a poco, y añadiendo fotogradias, iré describiendoos los lugares y las anécdota más emotivas y también las más divertidas de todos éstos años, vereis como de empezar a hacer el Camino con esa pequeña Hermanda que es Hinojos, pasé por hacerlo con una de las famosas, como es Triana, en un camino de vuelta, con Almonte en el Traslado de la Virgen que es cada siete años, para por fin terminar haciendo desde hace ya unos cuantos años con San Lucar de Barrameda, una Hermandad de las de arte y un camino maravilloso, que necesita muchos capítulos aparte para poder describirlo.

Y termino éste primer relato aludiendo a la letra de una canción que refleja muy bien lo que digo.



"Hay vivencias del Rocio que no se pueden contar, los tamboriles tocando al alba de madruga.......Como quieres que te cuente, si no se puede contar, si no se puede contar, ay que me importa lo que piense la gente al verme llorar...."











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